Las primeras exposiciones
En 2017, vivíamos juntas en una casita de la colonia Colosio. Era la típica casa de un pueblo pequeño: rodeada de calles de tierra, con poco alumbrado público y el bullicio de la feria local que se instalaba a apenas dos cuadras una vez al año.

En ese entonces, Bacalar era un lugar muy distinto al de ahora; la escena artística estaba volcada casi por completo hacia el performance y la música, pero nosotras teníamos muchísimas ganas de crear un espacio para reunirnos a contemplar arte plástico y generar conversaciones a su alrededor. Fue así como, decidimos transformar nuestra casa dos veces por mes y montar una galería de arte y cine al aire libre en el jardín con lo que teníamos a la mano: mecate, pinzas, sábanas y cualquier pedazo de chatarra que sirviera para colgar las obras.

Para sostener el proyecto, se nos ocurrió hornear y vender pan e invitar a la gente a traer su propio vino —de ahí el nombre Hay Pan, Hay Vino—. Nuestras amigas y amigos nos ayudaron a construir el primer horno de ladrillos, en el que apenas cabían dos barras a la vez, hasta que los chicos de El Paste Bacalar nos salvaron echándonos la mano con su horno profesional.

Todo se armó a base de comunidad y creatividad pura, en una época previa a las compras por internet donde los recursos y materiales eran contados: otro amigo nos construyó una pantalla de cine hecha de bambú y los del Centro Cultural Independiente Galeón Pirata nos apoyaron prestándonos el equipo de sonido. Con el esfuerzo colectivo fuimos dándole vida a cada edición.
Hoy queremos celebrar esos inicios, agradecer enormemente a la comunidad que siempre abrazó nuestras ideas locas y compartirles algunas fotos de cómo empezó todo.
